C’est le Tour. Eso dice «Purito» Rodríguez al bajar, a ritmo de anciano, las escaleras del autobús del Katusha antes de la salida. El codo zurdo vendado. En la rodilla, una matadura roja del diámetro de un euro. Es el mordisco de la caída del domingo bajo la tempestad de Rotterdam. La mirada se le clava en ese punto y repite: «Es el Tour». Lo conoce. Sabe que...
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