Londres, 1991. El joven locutor Paco Pérez Bryan se sienta en el suelo de una habitación donde músicos, fans y prensa celebran el conciertazo que un rabioso trío de Seattle acaba de detonar. Alguien se sienta a su lado, sonríe y comenta la jugada. Es Kurt Cobain. «No dijo mucho más, pero luego, cada vez que nos vimos, que fueron unas cuatro o cinco, se acordaba...
Suscribete para leer la noticia completa:

