Hace 37 millones de años, el Ebro era una cuenca marina conectada con el Atlántico, hasta que el surgimiento de la cordillera vasco-cantábrica y los Pirineos hizo que quedase aislado como un mar interior. Entonces comenzó a secarse –de ahí las minas de sal de Cardona– y a recibir el aporte del agua dulce de los ríos de las recién formadas montañas. Poco a poco,...
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