«Cuando voy a un restaurante con mi hija ella tiene la necesidad de quitarse sus zapatos porque sus pies le están quemando. Las mesas que hay cerca tienden a mirar, a susurrar o simplemente exclaman “qué maleducada es esta niña”. Yo soy madre y a mí eso me duele. Antes agachaba la cabeza y suspiraba, pero ya me he cansado de agachar la cabeza y suspirar. Es hora...
Suscribete para leer la noticia completa:

