Nadie conoce a nadie y una familia es lo que es, no lo que parece. Pero de lo poco que ha trascendido del núcleo familiar del menor homicida, nada hacía presagiar el desastre. Más allá de que se confirme que el chico sufría un trastorno mental. Sólo emborrona el diagnóstico, eso sí, el hecho confirmado ayer de que M. P. guardaba en su cuarto un arsenal compuesto...
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