Entre la maleza, Bakai Scallon comienza a sortear obstáculos. Equipado tan solo con unas chanclas de cuero, los pasos de este sierraleonés resultan casi circenses. Al llegar a un pequeño montículo, el cincuentón decide hundir su pie semidesnudo en la tierra. Hemos llegado a su reino. «No tenemos ni botas para trabajar», lamenta. En términos científicos, la queja...
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