Mientras el Papa asistía en silencio a las meditaciones del Vía Crucis nocturno en el Coliseo, su limosnero, el arzobispo Konrad Krajewski, recorría vestido como siempre de simple sacerdote la Estación Termini, la de Ostiense, la basílica de Santa María la Mayor y otros lugares de refugio de vagabundos.
«Padre Corrado», como le llaman todos los que le conocen,...
Suscribete para leer la noticia completa:

