El sonido de los cascos de los caballos sobre el asfalto regresó a la mañana del Viernes Santo vallisoletana. Hacía años que no se podían disfrutar con tranquilidad, sin mirar al cielo de reojo o bajo el paraguas, o ni siquiera eran visibles porque la lluvia les obligaba a resguardarse al galope. Pero ayer, «Escucha, Valladolid, tu legado», decía el soneto que...
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