A pesar de que Arzalluz dijo de él que «un tal Blázquez» había sido nombrado para regir la diócesis de Bilbao, y que un no vasco no sería bien recibido, no paso mucho tiempo para que Ricardo Blázquez se ganara el respeto y el cariño de sus diocesanos y del propio PNV, que tan reticente le recibió. Era septiembre de 1995, tiempos duros y complejos, en los que...
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