El dueño de Campanilla, una galga barcina muy cariñosa, quiso matarla en un paraje de la pequeña localidad de Ciruelos, a 47 kilómetros al noreste de Toledo, una provincia eminentemente galguera. Para cumplir su propósito, ahorcó a la perra pero, no se sabe cómo, Campanilla logró liberarse de la pita y vagó por las calles de este municipio de apenas 700 habitantes...
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