Dos y cuarto de la tarde en el vestíbulo del Instituto de Enseñanza Secundaria Fortuny, en el céntrico distrito madrileño de Chamberí. Suena la campana que anuncia el fin de las clases y un torrente de estudiantes brota desde las escaleras y la puerta del gimnasio para salir escopetados hacia sus casas con las mochilas a la espalda. Los profesores comentan los...
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