Como un soniquete, desde hace semanas no se oía otra cosa: un persistente runrún de críticas denunciando la supuesta politización de una ceremonia que, clamaban esas voces, no iba a ser de reconocimiento a los religiosos asesinados, sino algo así como una revancha histórica, un acto político. Finalmente, y como se comprobó ayer en Tarragona en el transcurso de...
Suscribete para leer la noticia completa:

