Al comienzo, confiesa, le resultó aburrida la idea. José Luis Olaizola no se entusiasmó cuando le encargaron escribir la vida de la beata Rafaela Ybarra. Pero después, al avanzar en su historia, encontró un punto en que autor y personaje se identificaban: la lucha contra la prostitución infantil. «Rafaelita», como la llamaba su marido José de Vilallonga, entraba...
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