Sentados en la escalinata de la Facultad de Filosofía, se encuentran con rostros cansados cuatro estudiantes de segundo que han pasado la noche encerrados en el edificio. Blanca, de 20 años, guarda en su bolso un bote de spray que les ha servido para pintar las pancartas de la marcha de la mañana y la manifestación de la tarde. «Es mejor que quedarse en casa...
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