En cierta ocasión relacionada con el mundo del libro, el irrepetible Garmendia definió a un amigo común con una frase tan guasona como certera: un señor que va a ninguna parte pero con mucha prisa. Valga esa genialidad para intentar lo imposible, esto es, para definir la Sevilla de estos albores —nombre de tertulia cofradiera clásica donde las haya— del siglo...
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