Si uno tuviera más de treinta años menos, y hubiera acudido al examen de Selectividad que se celebró ayer en Sevilla, habría empezado el comentario de texto así: «Kafka es, en Sevilla, un escritor costumbrista».
Aunque las enciclopedias nos hablen de Praga como la ciudad donde transcurrió su vida, el tocayo Kafka era sevillano hasta la médula. No le hizo falta...
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