Para Juan Miguel Vega
La orquesta había dejado en el aire de mayo los compases de Albéniz, esa gracia de Sevilla en la partitura. Después, las Noches en los jardines de España, que en este caso eran los del Alcázar. La mano de Falla se adivinaban, como las de Maese Pérez el Organista, en la sensualidad contenida, en el diálogo del piano con la orquesta. El concierto...
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