CON alma de peregrino he viajado al «santuario» de Montaigne, en el Perigord francés. Sentía una vieja necesidad de estrechar lazos —más si cabe— con Michel Eyken. Como parece más fácil llegar al espíritu por la materia, pisar el suelo donde transcurrió la vida del escritor suponía la mayor compenetración. Es asombroso cómo una torre austera de tres plantas,...
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