CON la cultura (dictadura, más bien) de lo políticamente correcto y la llegada al poder municipal de los ayuntamientos populistas (populacheros, más bien), hay en España como una carrera en pelo, a ver a quién se le ocurren las mayores soplapollaces y gilipolladas, especialmente en materia de igualdad de género, por no hablar del odio con efectos retroactivos...
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