ESTUVE a punto de echar el ancla en aquella parte del Mediterráneo donde el mar tiene mucho de río salado, por su serenidad, por su cabellera azul y lisa, sin apenas rizos de oleaje y sin que las mareas conviertan la playa en una atropellada lucha de crestas de encajes, en esa iracundia de la pleamar brava que todo lo viste de espumoso salitre, allí donde nunca...
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