SI ahora tengo la osadía de mojar mi medrosa pluma en la sangre de los cristianos de Lahore para escribir «bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa», no tomadme por loco. Si revisto esta columna con la casulla roja de los sacerdotes e invoco la adoración de la Cruz –no al crucifijo...
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