HACE dieciocho años comencé a escribir estas líneas y seguiré añadiendo renglones cada víspera de un treinta de enero, pues la memoria de Ascen y Alberto debería servirnos estos días de 2016 para recordar cuánto nos unió aquel crimen miserable. Es más, si llego a vivir veinte años más, sin duda encontraré razones para demostrar que el ejemplo de Ascen y Alberto...
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