SUCEDIÓ hasta anteayer. Entre la aquiescencia general. Los políticos locales de todos los colores callaban y aplaudían, porque solo por acudir a los consejos de las cajas de ahorros a decir siempre «amén» se embolsaban opíparos aguinaldos. De cuando en vez, se masajeaban también sus voluntades con viajes de película (ay si el difunto Concorde hablase de cuanto...
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