Tiempo ya de reconocerle todo su mérito, sin choteo zumbón
EL hombre estaba entonces a las puertas de los 59. Apareció en el incierto estío gallego ataviado con aires de otras latitudes: un pantalón vaporoso blanco, camiseta celeste y unos mocasines naranjas, que dejaban ver una de sus señas distintivas: la ausencia de calcetines. Su rostro resultaba de cerca...
Suscribete para leer la noticia completa:

