LA alcaldesa de Madrid no es esa entrañable ancianita que aparenta ser con su sonrisa de cartón y sus palabras dulzonas. Bajo su discurso «flower power», a medio camino entre el «haz el amor, no la guerra» hippy y las simplezas propias de un producto Gran Hermano, se esconde un sectarismo feroz cuyos efectos ya padecen las víctimas de su inquina ideológica:...
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