JUNTO a «La Borinqueña», mi querido Puerto Rico tiene como un segundo himno oficioso. Una canción plena de son, que repite con aires cimarrones de vieja décima campesina: «Qué bonita bandera,/ qué bonita bandera,/ qué bonita bandera/ es la bandera puertorriqueña». Cada vez que la escucho allí, ante el Contemplado Mar a cuya vera está enterrado su contemplante...
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