En esas aerolíneas de bajo coste, donde hasta los bajitos nos sentimos encajonados, Marisa y Agustí tendrían que volar sentados de canto. Ella mide 1,86, y él, 1,96. El suyo fue realmente un matrimonio de altura. De jóvenes jugaron un poco al baloncesto y luego les dio por la salud ajena, Agustí como enfermero y Marisa de doctora. Esos genes larguiruchos explican...
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