Se extiende por las arterias de esta sociedad como un veneno de sabor dulce que está reblandeciendo nuestra capacidad de reacción a un ritmo vertiginoso. Hay quien lo llama «buenismo». Otros, «progresismo». Se parece mucho a la demagogia en que suele encajar a la perfección con lo que la mayoría quiere oír, pero resulta todavía más peligroso porque, a diferencia...
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