De golpe, llega el frío. Así como –de golpe y sin remedio– la realidad que pospusimos se ríe de nosotros. «Sigo aquí», nos dice. Pasado el tiempo sin tiempo del estío. Y todo vuelve a ser reloj de cuerda disparada: un vértigo de agujas que giran inarmónicas. Es el fin de las fantasías que hicieron nuestra complacencia. Ya nada es indolente. Hay veces, como ahora,...
Suscribete para leer la noticia completa:

