Se recurrió entonces a «la corrupción, símbolo infalible de la libertad constitucional»: Edward Gibbon está narrando la depuración por Constancio del obispo Atanasio, cuando deja caer esa asombrosa fórmula, en su Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano. Hay, en ella, uso irónico del lamento de Hilario de Poitiers por el trastrueque imperial del sacrificado...
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