LOS lectores conocen mi alergia hacia las encuestas. En el mejor de los casos, son fotos fijas de un momento dado que puede variar al siguiente en el mundo vertiginoso en que vivimos. En el peor, son «creadoras de opinión», en vez de «reflejos de opinión», sin más valor que esas llamadas telefónicas de los espectadores a las tertulias. Incluidas las encuestas...
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