ENTRE copas noctámbulas y miraditas diurnas en la ligoteca –perdón, biblioteca– es muy común encontrar en la universidad a la persona con la que te casas. Debido a que estudiamos en Pamplona, mis dos hermanos y yo, coruñeses, acabamos con tres vascos, dos bilbaínos y una donostiarra (y ahí seguimos pasados los lustros, porque los vascos han resultado fetén y...
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