Buscando votos bajo las piedras, Sánchez decidió un día mercadear con su intimidad familiar. Metió en su piso al extravertido alpinista Calleja y sus cámaras, compartiendo velada y cena con su mujer y sus dos hijas. Como parte del «reality», incluso invitó al montañero a dormir en el sofá, reto menor para un aventurero que alardea de más ventiscas en el Himalaya...
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