QUÉ inexplicables e inapelables son las razones del corazón. Intentamos encajonar la pasión en los frágiles diques de la lógica, pero el amor los arrasa como un tornado, que nada entiende de empirismos. Quien haya cumplido una cierta edad, quien haya tenido aficiones galantes y entusiasmo para acometerlas, evocará con asombro irónico cómo en su momento sufría...
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