LA fuerza evocatoria de los nombres es irrevocable. Aun cuando tantas veces se deba a impredecibles avatares. «Palmira» hace resonar en español el eco solemne de las grandes ruinas arrumbadas por el huracán de la historia. Es un azar, que debemos a las libertades que un gran traductor, el abate Marchena, se toma con el tan popular Volney, al verter su un tanto...
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