A la salida de una boca de metro, cerca de los imponentes museos londinenses de Kensington, la espera en un semáforo me situó a la sombra de una elegante muy guapa. Digo a la sombra literalmente, porque la beldad me sacaba más de una cabeza (lo cual tampoco es difícil, siendo uno más bien de la logia de los hobbit). El sol del final de la primavera inglesa, que...
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