Nunca, ni siquiera en el momento de ser campeones del mundo y de Europa, ni siquiera al recibir en Oviedo, junto con Casillas, el honroso Premio Príncipe de Asturias, sintió emoción alguna por España, aunque lo disimulase. «¡Viva el Barcelona!», «¡Viva Cataluña!» han sido sus gritos de despedida. Ninguna alusión, al decir adiós, a España ni a su selección, que...
Suscribete para leer la noticia completa:

