LUEGO ya vendría la Ley 33/2006 de 30 de octubre de la Jefatura del Estado sobre igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios. Que sería todo lo constitucional que ustedes quieran, pero que desde el punto de vista de la Tradición era un disparatón grande. Algo así como si la Iglesia tuviera que aprobar la existencia de Dios...
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