LA democracia española no ha encontrado todavía el modo de resolver de manera incruenta el doloroso trance de la sucesión en el puente de mando de un partido político, siempre jalonado de puñalada sea cual sea el color de las siglas. La experiencia histórica demuestra que cada nuevo líder patrio ha dejado tras de sí un reguero sanguinolento de cadáveres afines,...
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