SUPERADA ya la efervescencia de la rabia indignada, la ciudadanía ha pasado a la fase de la estupefacción pura y dura. Pasmo, repugnancia, desengaño y desafección ante un modelo político que no sólo ha consentido, sino propiciado los abusos incalificables que están saliendo a la luz; los escándalos de corrupción cuyo hedor impregna a todos los partidos que han...
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