No hay nada más parecido al rito de vestir a un torero que el de ponerle la túnica a un nazareno
COJO la pluma, atravieso el ruedo de las calles todavía no alfombradas por la Real Fábrica de los goterones de cera y me voy a portayagola del portón que abre la Semana Santa. Me pongo de rodillas ante El que hoy está en San Lorenzo con las manos bajas. Extiendo el...
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