Hace un año que se nos fue Adolfo Suárez, el primero y más relevante presidente de nuestra joven democracia. Un hombre que se granjeó la desconfianza, el recelo y la suspicacia de propios y extraños. Al final de su vida el destino le preparó un desenlace arduo y lacerante, la enfermedad del alzhéimer.
Su capacidad de diálogo no hallaba tregua, ni se permitía recuperar...
Suscribete para leer la noticia completa:

