NADIE duda de la calidad moral y el compromiso con los derechos democráticos de Vladímir Putin, el antiguo teniente coronel de la KGB que manda en Rusia desde el 2000. Pero sí se puede afirmar que lo rodea un cierto gafe. Desde hace años se da la casualidad de que sus opositores más encarnizados suelen morirse, y no precisamente de una gripe. Como bien denuncia...
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