UN poco antes del amanecer, cuando todavía no han salido los tractores, esos barcos que dejan, si llueve, un oleaje de barro, se cuentan hasta doscientas avutardas avanzando por los carriles pesada y silenciosamente hacia los caleños, que es como llaman en Badajoz a esos terrenos que tienen más cal que arcilla, y que son más secos, huyendo ahora del cereal, parece...
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