LA enfermedad no es el populismo. Ni lo es ahora, ni lo fue en la Europa de entreguerras. El populismo es síntoma. Ahora como entonces. De algo enfermo. Y no es el síntoma el que mata. Es el no haber entendido que el síntoma era aviso. Que, ignorada su alarma, lo peor acaba necesariamente por llevarse a quienes niegan su presencia.
El síntoma dice y oculta. Simultáneamente....
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