CUANDO veo a multitudes buscando el poder en la calle tiendo a sentir más miedo que emoción. Me vienen a la cabeza aquellas marchas élficas en Berlín, que filmaba Leni Riefenstahl con magia turbia. O su parodia bufa, los desfiles eléctricos, de tebeo de Tintín, del rechoncho tirano Kim Jong-un. El Querido Líder sería una coña en su altiva ridiculez, de no ser...
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