El asesinato o el cautiverio de una víctima del terrorismo obligan a la sociedad a tomar posición ante una lacra que no hace sino reforzar sus valores democráticos. La muerte de un etarra como Bolinaga –vencido por una enfermedad que le permitió disfrutar de la libertad que no merecía– también actúa como resorte para sacar lo mejor de cada uno. «Que encuentre...
Suscribete para leer la noticia completa:

