HABRÍA sido una noticia jocosa en otro momento y en otras circunstancias. Hablo de ese estrafalario contrato que les han hecho a treinta aficionados al balonmano de Cuenca para que «trabajen» de hinchas de la selección qatarí en el Mundial que comenzó el jueves. Habría sido una impagable ocasión para meditar irónicamente sobre los nuevos oficios que nos deparan...
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