EN muchos hogares, sobre todo en Cataluña, se ha adoptado la profilaxis de prohibir hablar de política durante los banquetes navideños. En las casas donde no sufrimos la plomada separatista agriando los langostinos, se sigue conversando tranquilamente sobre la cosa pública. Lo que se percibe es que las mesas se dividen entre apocalípticos e integrados, que diría...
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