París, allí abajo, es un bosque de casas. Da la luz sobre las fachadas claras bajo un cielo grisáceo, como de agua que pasa a oscuras. Algunas están torcidas. Gracias a Dios la desalmada perfección no les hizo perder la gracia. Hay un almez al fondo, las bicicletas amarradas como barcos. Paso con mi hijo mayor por delante de la casa de V. Hugo. «No eligió bien,...
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